En 2017, el maestro Rafel Chávez Mora abogó por mí, a fin de que pudiera estar en la mesa de los ponentes que disertarían en torno al 150° aniversario del fusilamiento de Maximiliano, Miramón y Mejía, en el Museo Nacional de Historia Castillo de Chapultepec. https://www.youtube.com/live/Z8mIlDy_WWU?si=RDxAPfcjEQEpNbYH

Rafael Chávez siempre mostró hacia mi persona un cariño paternal. La generosidad fue una de sus características; apenas el día 9 de junio dejó este mundo. Con mucho respeto y cariño a su memoria, dedico estas letras.

Recuerdo que en esa charla hablé sobre Miguel Miramón. Toqué temas como: su estadía como cadete del Colegio Militar y su participación en la batalla del 13 de septiembre de 1847 en Chapultepec. Una breve reseña de su carrera militar. Su vida como presidente de la República y su estancia en Chapultepec, además de su participación en la administración imperial de Maximiliano y el trato personal que tuvo con el emperador cuando lo conoció, y al final de sus días.

Por aquellos días me acababa de licenciar como historiador y el tema de mi tesis versó sobre Miguel Miramón; por tanto, me resultó de cierta manera un poco sencillo hablar de tan prolífico personaje en el recinto más importante de México si hablamos de la historia patria.

Mi tema de investigación se centró en el juicio que se le hizo a Miguel Miramón en Querétaro, mientras estuvo preso y tratando de dar respuesta a la siguiente pregunta hipotética: ¿Ese juicio estuvo apegado a Derecho? Entiéndase, esto último, al cúmulo de leyes que tuvieron aplicativo para indiciarlo y llevarlo al paredón. Además de lo anterior, realicé un estudio sobre cómo fue ese proceso, tratando de hacerlo lo más entendible posible al lector.

La realidad de las cosas, según las fuentes históricas que consulté, siendo la principal el proceso en sí, fue la siguiente: el juicio de Miramón no estuvo apegado a Derecho. Existieron una larga y probada cantidad de vicios jurídicos que pudieron haber cambiado el destino de los procesados, en especial de Miramón. Si el Derecho se hubiera aplicado a rajatabla, como tanto presumían los liberales ser defensores de la legalidad, la tríada de acusados hubiera muerto de otra cosa, menos a causa de las balas progresistas y con la tacha de traidores que los persigue hasta nuestros días.

Esto es algo sabido por la historiografía mexicana; vastas plumas históricas han expresado lo anterior: estos juicios fueron simulados y los acusados ya tenían su destino marcado desde que los hicieron presos. Aunque estas interpretaciones quedan opacadas o sin la importancia respectiva, debido al brillo hagiográfico que se les ha dado a personajes como Juárez y la pléyade de liberales que lo acompañaron desde 1857. Aunque no por ello vamos a quitar sus monumentos, legado histórico o bórralos de la memoria nacional, ese tipo de acciones solamente tiene cabida en mentes bárbaras.

Después de más de 150 años del fusilamiento de Maximiliano, Miramón y Mejía, el historiador tiene la libertad y la responsabilidad de interpretar los hechos con rigor, incluso si sus conclusiones desafían el discurso oficial o las figuras icónicas de la narrativa patria. Su único deber es con la historia. La historia tiene la esencia de la inclusión; cualquier tipo de interpretación tiene cabida si se encuentra sustentada en la lógica, la razón y la ética.

A 158 años del trágico ocaso de las “tres emes”, el Segundo Imperio persiste en despertar nuevas lecturas históricas, entretejiendo visiones que desentrañan este episodio crucial y su legado, en un perpetuo canto al pasado que resuena en el presente. Que esto siga así y las próximas generaciones –con la ayuda de la tecnología que está a su alcance–, nos presenten su visión del pasado, esperando que esta sea lo más objetiva posible.

Si quieres saber más sobre el juicio de Miramón, te dejó el link para que puedas adquirir la obra de marras. https://www.arcanohistoria.com/tienda/

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